Laura Segura

El sueño de vuelo
Condicionada por mi ambiente físico y cultural unido a mi interés por la cultura oriental, me han conducido a trabajar muy cerca de la naturaleza, extrayendo de ella la materia prima con la que trabajo. La fragilidad y mínima presencia de los trabajos nos conducen hacia una reflexión sobre el tiempo y lo efímero, a una meditación sobre la belleza y su percepción, a un pensamiento sobre la vida misma, sus tiempos y trascendencia.

La recuperación de los materiales naturales es un proceso para conectar la naturaleza con la humanidad. Productos de gestación natural y de enorme pureza que alcanzan incluso a simbolizar el concepto espiritual de lo puro y apelan tanto al entendimiento como a nuestros sentidos, no solamente al visual, sino al táctil y al olfativo.

Es una obra muy íntima y trascendente, con una sensibilidad exploradora que busca su sitio en el seno de la madre tierra. Es como un volver a los orígenes. Es una búsqueda constante para que la obra trabaje con y como la naturaleza. “La vida tiene más imaginación que nosotros. Quienes deseen entenderla deben ser capaces de delirar como ella. Lo real es más rico y productivo que cualquier intento de representación. En vez de copiar a la naturaleza los artistas de verdad trabajan como ella.”[1]

Esta obra puede tener como referentes al Land Art porque suscita la conciencia de la fragilidad de la naturaleza. O del Arte Povera, ya que sus materiales son pobres, extraídos directamente de la tierra. En la obra el arte de coser y tejer se convierte en un símbolo de unión y de estar en un proceso continuo de construcción. Las experiencias vitales y las sensaciones percibidas forman parte de la obra. “El proyecto vital y el proyecto creativo se unifican.”[2]

Con mi trabajo el receptor se sentirá envuelto en un cúmulo de sensaciones, similares a las que experimenta en la naturaleza misma.

La naturaleza que nos ofrece, no es algo desbordante, sin embargo si se muestra algo sobrecogedora, y nos invita a la introspección, a la meditación, a dejar pasar el tiempo, a disfrutar de lo íntimo y de la “realidad” de las formas y su pureza.